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martes, 23 de agosto de 2011

El miedo no anda en burro

Lo sucedido el sábado pasado en el Territorio Santos Modelo es reflejo de la situación de inseguridad que se ha instalado en todos los ámbitos de nuestra vida diaria y en todos los lugares de la ciudad. Ese día no fue distinto a otros, no hubo más inseguridad, ni más peligro al que hemos padecido desde que Calderón declaró la guerra al crimen organizado. Vivimos expuestos en todo México. Cuando salimos de algún sitio, volteamos para todos lados buscando por si nos acechan. Si detenemos el vehículo en un semáforo estamos tensos deseando que cambie rápido para arrancar y no ser víctimas de un posible atraco. El pánico se apoderó de nosotros. 


Toda la atención estaba puesta en el desarrollo del juego de fútbol entre Santos y Monarcas en la parte final del primer tiempo, cuando se escucha la balacera los jugadores, los técnicos, los árbitros y los aficionados no tuvieron tiempo para racionalizar en donde era, ni contra quién. Sólo el instinto de buscar resguardo a un ataque de "quién sabe quién" hizo que los jugadores, los árbitros y los equipos técnicos en unos cuantos segundos corrieron a resguardarse. Los aficionados en un primer momento se tiraron al piso ahí en su lugar, pecho a tierra, pompas para arriba, la posición no importaba, sólo que les diera calma y seguridad de que los agresores no iban a hacerlos blanco de sus aviesos objetivos. 


Los aficionados que estaban en el estadio han sufrido durante este sexenio en carne propia una situación de violencia o al menos han sentido la angustia y la preocupación de un familiar agredido. En mi caso también lo viví este sábado. Mi hija Jimena estaba en las gradas del TSM disfrutando la contienda deportiva, ella me llamó al minuto de escuchar las ráfagas de armas de alto poder, mismas que yo también estaba escuchando por las bocinas del aparato de televisión. Ella estaba angustiada, llorando, en el suelo, le dije que allí donde estaba no había peligro, que así se mantuviera, que se calmara. Se tranquilizó un poco, pero sus vecinos de butaca tan pronto dejaron de escucharse las detonaciones saltaron de sus lugares y salieron corriendo, lo mismo hizo mi hija y sus amigas que la acompañaban, Susy y Yuli. Ellas incluso platican que ni siquiera pensaron en las demás al momento de abandonar sus lugares en el estadio, por pura casualidad hasta que estaban en los baños donde se refugiaron se dieron cuenta que ahí se encontraban las tres. 


A la inmensa mayoría los condujo a los lugares de resguardo el puro instinto de sobrevivencia. El miedo se apoderó de todos los presentes, y también de los que no estábamos en el lugar donde se estaba desarrollando el juego. Ahora echamos culpas a todos, a las autoridades municipales, estatales y federales, a las diferentes policías, al ejército, a la directiva del Santos, a la seguridad en el estadio, hasta al Chupacabras. Lo cierto es que todos los días escuchamos actos de violencia, de extorsiones y de secuestros o vemos escenas en los aparatos televisivos muy desgarradoras a consecuencia de la guerra contra el crimen organizado. No le vemos fin, a pesar de que ya van más de 40 mil muertos. 


El señor Obispo de Saltillo Don Raúl Vera López afirmó, muy contundente, que es equivocada la estrategia de guerra del gobierno panista de Calderón, que el Presidente de la República se "haya empeñado en su guerra" le va a costar el juicio de la historia. Declaró que Calderón deberá ser juzgado en tribunales internacionales por tantas muertes a causa de la violencia. El señor Obispo expresó que la lucha contra el crimen organizado no ha dado resultados, pésele a quién le pese, lo único cierto es que cada día estamos más expuestos a la violencia y a la muerte. Este convencimiento de nuestra vulnerabilidad ante el crimen organizado nos acompaña a todas partes. 
En estos días de vacaciones escolares, cerca de donde vivo en menos de una semana escuchamos dos balaceras. Una en pleno día y otra en la madrugada, aunque ambas se desarrollaron a dos o tres cuadras de distancia percibíamos como si los balazos fueran afuera de la casa. Otras personas me han contado que presenciaron la balacera de Galerías, la de Cuatro caminos, la del Campestre, la de la alianza, la lista es larga. El joven escritor Carlos Velázquez me confesó que ha sido testigo de cinco balaceras en un lapso de un año, en una por poco le cae una bala perdida y en otra vio cómo asesinaron a un hombre. Estas son un parte diminuta de muchas historias que nos han llevado a no ser confiados, ya que el miedo no anda en burro. 

Salvador Hernández Vélez
jshvelez@hotmail.com

 

 

1 comentario:

  1. Mi estimado amigo, te leo y me sumo a tus, nuestros, de todos por igual MIEDOS. Fíjate que todos esos eventos que leemos a diario de pronto cambian de color cuando los sentimos en carne propia como también es mi caso, y cuando te sucede.. lo segundo que yo pensé (porque lo primero fue rabia)es.. ¿En que momento nos cambió la vida? en que momento perdimos esa paz ahora tan añorada, en que momento perdimos la confianza para hacer de algo tan simple como el ir a comer, a tu trabajo a visitar a un amigo..todo un ritual, el que tu describes tan bien.. voltea para todos lados, fíjate muy bien quién esta a tu lado ..peor si lo que te tocó fue un vehículo de esos que describen a diario..ya lo que quieres es alejarte lo más rápido, ahora los consejos a los hijos son diferente.. muy diferentes a los que nos dieron...será porque..ahora estamos en guerra¡ y eso cala en los huesos, en la mente pero más aún en el espíritu, entonces si regresas a la pregunta en que momento cambio nuestras vidas...seguiría y hasta cuando??...Gracias por compartir tu pensamiento. Saludos

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